En pedir no hay engaño – El Mercurio 16.11.2020

12.Dic.2020

Arturo Herrera

En el último reporte del Global Innovation Index (GII) 2020, Chile quedó en la posición 54 de 130 países. Hace 9 años estábamos en la 38. Nuestro premio de consuelo: ser el número 1 en la región. Lo seguimos siendo, pero, México quedó a un puesto y Costa Rica a dos. Posiblemente perderemos esa posición en 2021. Necesitamos cambiar el rumbo. El Chile de los próximos 30 años debe ser un país mucho más innovador. Tres ideas.

“En el último reporte del Global Innovation Index (GII) 2020, Chile quedó en la posición 54 de 130 países”.

Primero, asegurar el acceso universal a Internet. No es una idea original. En el año 2000 Estonia aprobó el acceso a Internet como derecho universal. El resultado: 92% de la población usa la red regularmente, 99% de los servicios públicos son accesibles en línea y han logrado construir una sociedad transparente, confiable y eficiente. Todos los colegios públicos están conectados y sus alumnos lideran el ranking PISA. Educación e igualdad de oportunidades que transformaron a Estonia en el “Silicon Valley” del Báltico. Nada mal para un país que en 1991 tenía un PIB per cápita de 72 euros. No obstante, nada es gratis. Todo derecho debe ser pagado por alguien. Pero, qué un niño de María Pinto -comuna con un 1% de penetración de Internet- pueda acceder a este servicio las 24 horas, los 7 días de la semana, ¿no debería ser razón suficiente para costear esta medida?

En segundo lugar, un Estado ágil, capaz de ajustar rápido las reglas del juego para permitir la entrada de nuevos competidores. No es sostenible un sistema que pase años retrasando cambios normativos que solo prolongan el status quo. Un ejemplo de lo opuesto, la industria bancaria en Brasil “los incumbentes” y Nubank “el innovador”. Nubank partió en 2013 con una una tarjeta de crédito y una cuenta 100% digital sin cargos. En 7 años alcanzaron 25 millones de clientes, que se han ahorrado más de US$1.500 millones en comisiones. Un mejor producto a un menor costo, que terminó cambiando para siempre la industria bancaria de Brasil; en beneficio de miles. Gracias a que al “innovador” le permitieron competir. De lo contrario, todo seguiría igual.

Por último, fomentar el desarrollo de innovaciones que permitan la creación de nuevos mercados. Piense en la masificación del automóvil 100 años atrás. No sólo impulsó ese sector económico, sino que también la industria del acero, neumáticos, pavimento, entre otras. Lo que está haciendo Chile con el Hidrogeno Verde va en esa dirección. Con un potencial de efecto multiplicador para cientos de negocios y desarrollos tecnológicos complementarios. Para volver a crecer, necesitamos más iniciativas de este tipo. Espero humildemente que un constituyente perspicaz tome y haga propias estas ideas. A estas alturas del partido, en pedir no hay engaño.

Columna originalmente publicada por El Mercurio el lunes 16 de noviembre de 2020