Partir de una hoja en blanco. De incremental a radical

4.Abr.2019

Arturo Herrera

Cien años atrás la electricidad estaba comenzando a sacar la máquina a vapor de la industria. Muchas empresas ya establecidas no pudieron sobrevivir la transición desde una fuente de energía a otra. Una de las razones de esto fue la forma en que usaron la electricidad. La mayoría de las empresas reemplazaron una gran máquina a vapor por un gran motor eléctrico, generando así una mejora incremental en sus resultados. Pasaron décadas hasta que nuevos entrantes entendieron que el real valor tras la electricidad no era el simple cambio de fuente de energía. Estas nuevas empresas partieron en hoja en blanco: repensaron su negocio electrificando de forma inteligente, diseñaron nuevos layouts de planta, y dividieron esa gran fuente de energía en decenas de unidades más pequeñas. Cambiaron por completo el proceso productivo de antaño. Hicieron más con menos, generando un incremento radical en sus resultados. Así, dejaron fuera de mercado a decenas de empresas establecidas que no fueron capaces de aprovechar mejor esta nueva tecnología.

La clave está en aprovechar las capacidades del negocio actual, pero al mismo tiempo llevar a cabo cambios profundos en nuestros procesos, la experiencia del cliente y en el modelo de negocio

Hoy la historia se repite. La revolución digital muestra sus primeros efectos. Nuevos entrantes están aprovechando mejor y más rápido el poder que entregan las nuevas tecnologías, como IA, IoT, entre otras. Veo con preocupación cómo empresas establecidas abordan su proceso de transformación pensando simplemente en adquirir tecnología para optimizar los mismos procesos de siempre. Nuevos competidores entran con nuevos modelos de negocio, estructuras y procesos diseñados a partir de las nuevas posibilidades que entregan estas tecnologías digitales. Lemonade vende seguros sin fuerza de venta; Fair vende acceso a autos sin concesionarios, sin vendedores y sin ataduras para el cliente; Katerra, startup de construcción que desde 2015 ha levantado más de US$1.200 millones, desafía todos los paradigmas de una constructora tradicional al integrar digitalmente toda su operación, desde el diseño a la compra de materiales y la construcción en terreno sin sub-contratistas.

Se necesita convicción, liderazgo y valentía para hacer las cosas de forma diferente. La clave está en aprovechar las capacidades del negocio actual, pero al mismo tiempo llevar a cabo cambios profundos en nuestros procesos, la experiencia del cliente y en el modelo de negocio que nos permitan seguir siendo relevantes en el futuro. Partir de una hoja en blanco implica replantear el negocio desde sus bases, especialmente si queremos lograr impactos que vayan más allá de lo incremental.

Columna de Opinión publicada originalmente en El Mercurio