Iván Vera: Innovación basada en Descubrimiento Científico

4.Abr.2019

Iván Vera

Comienzo a escribir esta columna en Tel Aviv, después de haber visitado el Weizmann Institute Of Science, el Technion -una de las principales universidades en ciencias y tecnologías del mundo- y varias incubadoras de negocios tecnológicos. Vine a aprender de uno de los principales ecosistemas globalizados de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento.

Israel cuenta con 8 millones de habitantes; US$290 billones de PGB y US$36 mil de ingreso per cápita. Es número 1 mundial en el ranking de cantidad de científicos, ingenieros y técnicos per cápita, con 140 por cada 10 mil empleados; Estados Unidos es segundo con 85 y Japón tercero con 83. Seis científicos de Israel han sido galardonados con el Premio Nobel en Química y dos en Economía. 200 empresas multinacionales han instalado en Israel sus centros corporativos de investigación y desarrollo de tecnologías. En las últimas dos décadas, más de 200 empresas israelíes han realizado exitosas ofertas públicas de acciones en la bolsa de valores de New York. Es el país que –con la salvedad de Estados Unidos y China- más empresas lista anualmente en esa bolsa de valores. Estas compañías provienen de diversas industrias: biotecnología, defensa, equipos médicos, robótica, semiconductores, entre otras. Su común denominador es que todas ellas se basan en tecnologías desarrolladas en universidades y centros de investigación de Israel.

En cada viaje busco “insights” –datos accionables- que sirvan a nuestros propósitos de progreso en ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento de Chile. En este caso en particular, buscaba claves que nos sirvan de pistas para avanzar en develar los enigmas de cómo innovar, cómo crear valor, a partir del conocimiento reciente, aquel que resulta de la investigación en ciencia y tecnología.

Hasta antes de este viaje siempre pensé que la investigación básica, aquella que solo busca el conocimiento de la verdad y la naturaleza, debía ser financiada por el Estado, pues no podemos esperar de ella la búsqueda de la aplicación de sus resultados. Siempre entendí que la motivación del científico es descubrir cómo funciona la naturaleza y no necesariamente buscarle aplicación práctica a los conocimientos desarrollados. Mi apreciación había sido que para avanzar hacia resultados superiores de nuestra innovación debíamos explorar en los dominios de lo que denominamos investigación aplicada, aquella que busca habilitar las tecnologías necesarias para resolver un determinado problema para la calidad de vida de las personas y/o la productividad de empresas y/o instituciones públicas. Sin embargo, visitando el Weizmann Institute Of Science hice un descubrimiento que me cambió un paradigma fundamental.

Para entender el contexto del hallazgo debo explicar primero qué es el Weizmann Institute Of Science. El instituto fue fundado en 1934 por el Dr. Chaim Weizmann (PhD en química orgánica), 15 años antes de convertirse en el primer Presidente del Estado de Israel, en 1949. Sus instalaciones están ubicadas en Rehovot, a unos 30 minutos en auto al sur de Tel Aviv. El instituto hoy cuenta hoy con 250 investigadores principales, organizados en 6 departamentos: Matemáticas, Física, Química, Biología, Bioquímica y Ciencias de la Computación. Cuenta con 2.500 investigadores en total, formando anualmente a posgraduados en sus 6 disciplinas científicas. Solo ofrece carreras de posgrado (MSc & PhD) y cuenta con cerca de 380 alumnos de post-doctorado, 700 alumnos de doctorado y 300 estudiantes de MSc. Los cerca de 1.400 estudiantes asisten a los investigadores principales y sus respectivos staff en las investigaciones que se encuentran en curso. Los investigadores del Weizmann Institute han recibido innumerables reconocimientos internacionales y premios por sus descubrimientos científicos y publicaciones. El 7 de octubre de 2009, la Cristalógrafa Dra. Ada Yonath, Directora del Centro de Estructura Biomolecular Helen y Milton A. Kimmelman, fue galardonada con el Premio Nobel de Química.

Para efectos de hacer accionable el hallazgo que hice en el Weizmann Institute lo voy a denominar: “Innovación basada en descubrimiento científico”. El mejor ejemplo que encontré para explicarlo es el de Copaxone, la droga de Teva Pharmaceuticals Industries para el tratamiento de la esclerosis múltiple.

Teva -“naturaleza”, en hebreo- fue fundada en 1901 y se desarrolló en el dominio de los medicamentos genéricos, con la misión original de desarrollar medicamentos de alta calidad a bajo costo para el pueblo de Israel. Desde 1974 ha adquirido más de 20 compañías farmacéuticas especialistas en medicamentos genéricos en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Entre ellas, en 2006 Teva adquirió Laboratorio Chile, fundada en 1896. Teva fue listada en 1982 en la bolsa de New York. Hoy es la farmacéutica número 1 en el mundo en medicamentos genéricos y 15 del mundo en su industria. En 2015 Teva facturó US$ 20 mil millones a nivel mundial.

Teva licenció las patentes asociadas a la tecnología resultante del descubrimiento del Glatiramer Acetate, producto de las investigaciones de los profesores Sela, Arnon y Teitelbaum, del Weizmann Institute. Copaxone, la droga para esclerosis múltiple desarrollada a partir de esta tecnología, generó a Teva en 2015 el 50% de sus ganancias y el 20% de su facturación, llegando a un 60% de participación de mercado de las drogas para la esclerosis múltiple en Estados Unidos. Lo extraordinario de este caso es que Weizmann Institute negoció las licencias de estas patentes por un 9% de la facturación de la droga de Teva, lo cual le ha generado un ingreso anual superior a US$ 300 millones y más de US$ 2 billones acumulados.

El instituto cuenta hoy con 2.500 investigadores, agrupados en 250 grupos de investigación, cada uno de ellos liderados por un investigador principal. Todos ellos están dedicados en un 100% a la investigación en ciencias básicas. No realizan docencia de pregrado, sino que están en la permanente búsqueda de un descubrimiento científico. Los investigadores principales forman y atraen a jóvenes estudiantes de magister, doctorado y post-doctorado que buscan continuar la labor de estos referentes de la ciencia. El Instituto contrata y apoya a científicos con un potencial de talento extraordinario. Cada profesor titular tiene completa independencia para investigar los temas que considera de mayor relevancia e interés y cuentan con un 100% de libertad académica. El WIS crea un contexto de confianza y apoyo para que los científicos se concentren en investigar. El instituto les brinda no solo libertad académica, sino laboratorios e instalaciones de primera calidad mundial, rentas adecuadas e incluso casas en el interior del campus, donde viven las familias de muchos de los científicos. Incluso al interior del campus cuenta con 5 jardines infantiles para que las científicas que son mamás puedan trabajar tranquilas. Todos ellos estudian los fenómenos más básicos de la naturaleza, buscando explicar lo que aún nadie ha explicado. Cada uno de ellos está en la permanente búsqueda de un descubrimiento. Ada Yonath revela que el descubrimiento que ella logró después de 14 años de investigación le generó una alegría y satisfacción inmensamente mayor que lo que sintió cuando tiempo después ganó el premio Nobel. La curiosidad y la perseverancia son dos movilizadores mencionados recurrentemente por los científicos. Sus investigaciones duran años. La Dra. Ada Yonath relata que muchos de sus colegas no creían que ella fuera a llegar a nada relevante, sin embargo contó con el apoyo irrestricto de 5 autoridades del WIS. “The impossible takes longer” decía un pin en la tienda del instituto.

Los investigadores del Weizmann están concentrados en sus investigaciones. No es su rol buscar posibles aplicaciones de sus descubrimientos científicos. Su rol es develar nuevo conocimiento y publicar sus hallazgos para que otros grupos de investigación logren continuar los avances de la ciencia en su disciplina. Sin embargo, el Instituto sí busca aplicaciones de sus descubrimientos científicos. Yeda es una unidad del WIS que tiene la misión de proteger, licenciar y transferir la tecnología derivada de los descubrimientos científicos de los equipos de investigación de la institución. Su rol no es solo patentar. Es licenciar y transferir las tecnologías asociadas a sus patentes. Es la transferencia de sus tecnologías la que maximiza los beneficios para la humanidad. Y son las licencias las que generan ingresos para la ciencia. Los ingresos de Weizmann Institute, producto de los licenciamientos negociados por Yeda, superan los US$300 millones anuales, los cuales alimentan –sumados a las donaciones de privados – un fondo de cuyos intereses financieros generan un presupuesto complementario a los aportes del Estado para solventar las operaciones del Instituto. Los licenciamientos de las tecnologías provenientes de los descubrimientos científicos del instituto normalmente son negociados como un porcentaje de los ingresos que generan su uso por parte de las empresas que compran las licencias. Lo habitual es un 5% de la facturación generada que la empresa licenciataria logra con los productos resultantes de las tecnologías transferidas. En el caso de Copaxone, Yeda logró negociar un 9%, un valor notablemente superior a lo acostumbrado, pues Weizmann Institute había avanzado hasta pruebas clínicas con humanos con la droga desarrollada a partir del Glatiramer Acetate. Además, Copaxone fue una de las primeras incursiones de Teva en drogas propietarias, pues durante toda su historia fue especialista en drogas genéricas.

Termino esta columna ya de vuelta en Santiago. Al revisar lo aprendido, advierto que lo notable de este aprendizaje –uno de los insights que logré descubrir en este viaje- es que las autoridades del Instituto Weizmann, aquellos que lideran su gobierno corporativo, tienen claro que la institución debe permanentemente construir las mejores condiciones para que sus investigadores se aboquen completamente a sus investigaciones, sin distracciones, sin preocupaciones; tienen claro que no es rol del investigador buscar aplicaciones de sus descubrimientos científicos; pero también tienen claro que la institución debe contar con la organización y los expertos para buscar proactivamente una eficaz y adecuada transferencia de los conocimientos generados en la institución para un mejor vivir de la humanidad. El instituto tiene el lema “Science for the Benefit of Humanity”. Y tienen muy claro además, que el valor generado por las tecnologías derivadas de sus descubrimientos científicos podrán ser el fundamento de licencias de la propiedad intelectual que serán una fracción muy relevante del financiamiento anual del instituto. Las autoridades del Weizmann Institute tienen muy claro que al gestionar los ingresos por licenciamiento de sus tecnologías estos representarán su principal fuente de independencia financiera que posteriormente les permitirá atraer, contratar y retener a los mejores jóvenes científicos. Si bien cuentan con financiamiento estatal, no dependen de dicho financiamiento, ni tampoco de las decisiones del gobierno de turno. Durante la última década, como producto del licenciamiento de su propiedad intelectual, el instituto ha generado más de US$20 billones en ingresos. El Weizmann Institute ha demostrado que la innovación basada en descubrimiento científico no solo es viable, sino que es muy rentable para la ciencia. Y, sobre todo, han demostrado que en base a ingresos privados provenientes de la innovación empresarial, pueden actuar con independencia de la política pública. Han demostrado que las empresas pueden ser parte del financiamiento de la investigación básica y no solo de la investigación aplicada.

Estamos frente a un hallazgo de gestión. Es aquí donde la gestión de la innovación encuentra una zona común con la gestión de la ciencia. Tenemos mucho que aprender de la “Innovación basada en descubrimiento científico”. Y ojo, que esta declaración que hago no solo me genera la intención estudiar del tema y los desafíos que éste entraña Es –como dije- un insight….un dato accionable. A partir de este hallazgo no solo espero googlear más del tema y la institución. No solo espero conseguirme algunas conferencias vía Skype con personajes clave de Weizmann Institute u otros centros de investigación en ciencias, que por cierto haré. Lo que estoy declarando es un propósito. Puedo asegurarles, amigos, que a partir de hoy y por los próximos 53 años, trabajaré para que en Chile ocurra la innovación basada en descubrimiento científico. Tras esta senda de desarrollo hay progreso posible no solo para la innovación y la ciencia, sino para nuestra gente.

Por Iván Vera, fundador y Presidente de INNSPIRAL