Innovación como valor vs. Innovación como estrategia

Por Carlos Fernández, Gerente de Proyectos de INNSPIRAL

Uno de los errores que cometen recurrentemente las organizaciones al intentar introducir la innovación, es considerarla como un mero atributo más, como un valor deseable dentro de su cultura organizacional (“al estilo Google”), para lo cual realizan iniciativas tales como concursos de ideas o talleres de creatividad, acciones que generan ideas pero que, por sí solas, no son suficientes para generar impacto en las finanzas y en la sustentabilidad de la compañía. Más aún, estas ideas incluso se premian creando una ilusión de innovación, pero que en el fondo son sólo fuegos de artificio.

En Chile, son pocas las organizaciones que realmente le asignan a la innovación el carácter de herramienta estratégica para alcanzar resultados de alto impacto. Sin embargo, hay requisitos importantes para incorporarla. El primero, es el convencimiento que debe tener la plana ejecutiva -y en particular del gerente general- respecto de la innovación, como una herramienta útil para obtener resultados extraordinarios. Ellos son los que permearán esta visión hacia el resto de la organización, por lo que su alineamiento es clave.

Luego se debe establecer qué es lo que la organización entiende por innovación. Para algunos puede ser el desarrollo de nuevos negocios y para otros nuevos procesos que generen saltos cuánticos en su desempeño. Esta definición resulta fundamental para alinear a las personas en un lenguaje y visión común.

Adicionalmente, es fundamental no perder de vista los indicadores que medirán el desempeño de la innovación en la compañía, una ruta que permita guiar la gestión del portafolio de proyectos y genere el tránsito desde la “creencia” a la realidad. Uno de ellos es la Intensidad de Innovación (porcentaje del Ebitda total de la compañía que proviene de proyectos de innovación con menos de cinco años de antigüedad).

Un ejemplo de resultados que surgen de entender y aplicar este enfoque estratégico, es el caso de la empresa generadora de energía E-CL, cuyos proyectos implementados no sólo han significado incrementos en la tasa de Intensidad de Innovación, sino que nuevas áreas de negocio y formas de relacionamiento con sus comunidades aledañas.

En 2010, la compañía definió su línea base de innovación con el propósito de sistematizarla, la que arrojó 3,5% de Intensidad de Innovación, cifra que fue en aumento año a año, finalizando el 2014 con 16% de aporte a la compañía*, alcance que se logró gracias a múltiples iniciativas de innovación con foco en resultados.

E-CL, adicionalmente, le dio un giro a la relación con las comunidades de Mejillones -en el norte del país-, donde están sus operaciones principales. Esto, gracias a la creación de un “Ecosistema Industrial Sustentable” en la comuna. Ahí se diseñó un sistema para reutilizar los residuos de las centrales termoeléctricas no sólo para crear productos, sino que para generar mayor empleabilidad local y mejor calidad de vida para sus habitantes. En un caso, se innovó en el aprovechamiento de la temperatura del agua de enfriamiento de las centrales, lo que permitió desarrollar la cobia, un pez de aguas tropicales que hoy es cultivado en piscinas en tierra y que permitió ofrecer una fuente laboral alternativa a pescadores de Mejillones. En otro, se desarrollaron materiales de construcción fabricados con cenizas que ya se producen en la localidad y que dan valor agregado a un residuo que antes quedaba depositado en un vertedero.

Este incremento en Intensidad de Innovación y los proyectos que formaron el Ecosistema Industrial Sustentable no son casualidad, sino el resultado de un trabajo sistemático de gestionar la innovación -como quien gestiona las finanzas o la logística- e incorporarla como una herramienta estratégica clave dentro de la organización, la cual requiere de estrategia, procesos, organización, recursos, método y, por sobre todo, disciplina.

Es evidente la diferencia existente entre un enfoque de la innovación, como un valor más dentro de la cultura, que entrega ideas y resultados de corto aliento, versus la innovación como herramienta estratégica. Si bien ambas son importantes y deben convivir, es en la estrategia donde tiene mejor cabida si el objetivo es alcanzar resultados de alto impacto. La cultura innovadora llegará como una grata consecuencia.

Columna publicada originalmente en AméricaEconomía