Arturo Herrera en La Tercera

La velocidad de cambio se acelera año a año. Ya no nos sorprende que cada día emerjan nuevos emprendimientos que desafían industrias que parecían blindadas. Los emblemáticos Waze con los GPS,  UBER con los taxis o Airbnb con la industria de los hoteles. El economista austriaco Joseph Schumpeter lo describió magistralmente en su libro Capitalismo, socialismo y democracia como el proceso de “destrucción creativa”, en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio. En los próximos 10 años se estima que cuatro de cada diez empresas del S&P 500 habrán desaparecido de la lista. Un claro ejemplo de que los conceptos expuestos por Schumpeter estaban en lo correcto.

La innovación entonces, más que una moda, pasó a ser un imperativo para la sobrevivencia de las empresas. Lamentablemente sólo algunas compañías en Chile lo han entendido así. La mayoría sigue viendo la innovación como una actividad más, sin darle la relevancia estratégica que tiene para el negocio.

Si de verdad lo que quieres es hacer innovación en tu empresa debes estar preparado para medir la inversión (input) y los resultados (output) que generan tus innovaciones, aunque al comienzo sea exactamente cero. Veamos un ejemplo práctico.

Apple -durante el 2014- invirtió más de US$ 6.000 millones en I+D, lo que equivale al 3% de sus ventas. Según datos del 2013, todo Chile invirtió un 0,39% del PIB en I+D. De esto el 34% corresponde a la inversión de 715 empresas por un total de $ 182.696 millones, que equivale a un poco más de US$ 300 millones. Es decir, durante un año, todas nuestras empresas invierten un 5% de lo que sólo una empresa de EE.UU. invierte en I+D. Estamos mal. Si como país queremos hacer innovación en serio, debemos comenzar por cambiar radicalmente esta situación. Sin inversión en I+D es imposible competir en un mundo que hoy cambia a una velocidad nunca antes vista.

Pero atención, no sólo se debe medir el input en términos de gasto o inversión en I+D, sino que también se debe medir el output, es decir, cuáles son los resultados de los esfuerzos en I+D de las empresas. En este sentido en Innspiral, desde el 2010 utilizamos un indicador que denominamos “intensidad de innovación”, que corresponde al porcentaje del EBIT (o ventas dependiendo de la industria) que viene de productos, servicios, procesos y modelos de negocio implementados o lanzados al mercado en los últimos 3 a 5 años.

Si aplicamos este indicador a Apple obtenemos una cifra superior al 40%, lo que equivale a más de US$ 75.000 millones, prácticamente lo mismo que exportó todo Chile durante 2014 (US$ 76.648 millones). Es decir, las innovaciones de una sola empresa equivalen a todo lo que exportó un solo país. Brutal. Justamente es este el valor y el impacto que tiene invertir en I+D e innovación.

Pero existen empresas en Chile que están avanzando en esta dirección. Por ejemplo, una compañía del sector eléctrico logró pasar desde un 3,8% de intensidad de innovación en 2010 a un 16% el año pasado; y un proveedor de la minería avanzó desde un 1,4% en 2012 a un 4,7% el año pasado. Aún no llegan al 40% o más de Apple, pero ya se hicieron el propósito de avanzar y cambiar esta situación. Por el bien de Chile, debemos aumentar significativamente nuestra inversión y resultados en I+D e innovación, para dejar de una vez por todas de “sufrir” con las variaciones del precio de los commodities y avanzar hacia el desarrollo.

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