Iván Vera en entrevista exclusiva

Hace poco llegó desde Silicon Valley, adonde viajó para conocer de cerca cómo se trabaja allá. En entrevista extensa, compartió su visión y los desafíos que tiene Chile en materia de innovación y emprendimiento.

Dedicado a tiempo completo los últimos 25 años de su vida al emprendimiento y la innovación, Iván Vera es reconocido como una verdadera autoridad en la materia en el país y también fuera de nuestras fronteras. Con cientos de charlas y conferencias en Chile y el extranjero, este ingeniero eléctrico de la Universidad Técnica Federico Santa María e ingeniero nuclear del CIEMAT, España, es el fundador de una serie de iniciativas de alto impacto, como el Club de Innovación Innspiral, la primera aceleradora de innovación corporativa en Latinoamérica.

Recién llegado desde Silicon Valley, adonde viajó con un grupo de ejecutivos del Club de Innovación para conocer de cerca cómo se trabaja allá, compartió con Innovación & Mercado su visión sobre una serie de áreas relacionadas con la innovación, entre ellas, la necesidad de seguir un camino propio, que se caracterice por promover startups de alcance global, y no copiar el modelo de Silicon Valley. Para ello, explica, es hora de promover emprendimientos que tengan la capacidad de escalar exitosamente en el extranjero.

Afirma que Chile dejó hace algún tiempo el subdesarrollo, sin embargo, le falta mucho todavía para pretender catalogarse como una nación desarrollada. Dice que somos “un país adolescente, que se ve como grande, pero que aún conserva actitudes de niño”. Asegura también que el principal freno para que Chile sea desarrollado y prime la innovación radica en que seguimos siendo una economía intensiva en capital, en lugar de ser intensivos en talento, como ocurre en otros ecosistemas donde la innovación es la que atrae al capital.

Califica el programa Start-Up Chile como uno de los mejores programas de emprendimiento que ha habido en el mundo, pero cree que es tiempo de ser más selectivos a la hora de elegir los proyectos. De igual modo, advierte sobre un problema de base en la educación de nuestros niños, en la que –dice– se enseña a obedecer y no a cuestionar, cuando la innovación es eminentemente rebelde y cuestionadora.

– Como buen conocedor del ecosistema de emprendimiento chileno, ¿cómo lo ves hoy? Hasta hace no muchos años atrás, nuestro ecosistema era como el desierto de Atacama: seco y con muy poca vida. En cambio hoy, parece más una suerte de desierto florido, en el que se aprecia más vida que antes, con la presencia de algunas especies de flora y fauna que no estaban ahí hace un tiempo. Sin embargo, nos falta mucho para estar en presencia de un bosque lleno de animales, plantas y donde corra mucha agua. Hoy, el principal generador de agua para que este desierto florido crezca y se desarrolle sigue siendo Corfo, lo que revela la falta de nuevos afluentes de recursos, en especial, desde el sector privado, que puede y debe jugar un papel más importante. Y creo que lo está haciendo en el último tiempo.

– Es común oír voces que hablan de que, para progresar, Chile debe copiar el modelo de Silicon Valley. Vienes llegando de allá. ¿Es una opción esa? Para nada. Pienso que Chile debe seguir su propio camino y no imitar lo que ocurre en otros lugares, cualquiera sea este. Chile, al igual que Silicon Valley u otro lugar es único y tiene sus propias características. Sumando y restando, creo que se avanza bien en materia de emprendimiento e innovación. Quizás, no a la velocidad que uno quisiera, porque debiéramos ir más rápido, pero pienso que estamos estimulando que ocurra la innovación en las grandes empresas y también estamos promoviendo que ocurran nuevos emprendimientos. Ahora, en relación a ecosistemas muy robustos como Silicon Valley u otros, lo que creo que debe hacer Chile, más que imitarlo, es conectarse con estos ecosistemas y aprender, pero no copiar. No tiene sentido imitar porque jamás vamos a ser como ellos. Es como si alguien tratara de que Santiago fuese como París. A nadie se le ocurriría hacer algo así. Pero, lo que sí podemos hacer es estimular los valores que allá son relevantes, como la diversidad, tolerancia, aprecio por la inmigración y la colaboración, entre muchos otros. Tuve la suerte de estar en las oficinas de Apple tomando desayuno con tres jóvenes provenientes de Bangladesh, India y Chile y les pregunté por qué estaban allá. Al unísono, me contestaron “por la gente que trabaja en dicho lugar”. Decían ellos que allá se encuentra a la mejor gente del mundo en cada disciplina. Esas cosas sí podríamos pensar para nosotros.

– ¿Chile debe, entonces, reclutar talentos? Lo que tiene sentido para nuestro país es reconocer cuáles son las características de Silicon Valley que la hacen apreciable para nosotros. Entre esas, obviamente que atraer talento como lo hacen ellos es algo deseable. Además, se requiere fomentar la inmigración, experiencia que puede resultar altamente atractiva en el país. También creo imperativo estimular la confianza y autoconfianza entre nosotros, porque en Chile somos muy desconfiados. Desde niños nos enseñaron a no confiar. En el vecino, las instituciones, profesores, sacerdotes, políticos, etc. Me podrán decir que hay razones justificadas para que la gente no confíe y puede ser, pero el chileno, por defecto, desconfía y eso tiene un componente muy negativo. En Silicon Valley la gente, por defecto, confía y está dispuesta a compartir una idea. Sin embargo, acá pensamos que si compartimos una idea, se la van a robar. Cuando las ideas son menos del 1% del trabajo, porque el 99% del éxito descansa en la transpiración, no en la inspiración. El valor de las cosas está en la ejecución y no solo en la idea. Por eso, siempre digo que compartir una idea es un acto de extrema confianza que va a generar un potenciamiento de esa idea desde la misma gente a la que le fue compartida. En ecosistemas más avanzados, las ideas no las roban porque saben de la relación win-win que se puede generar.

– ¿Qué tan lejos estamos de crear en Chile emprendimientos innovadores escalables? Desde hace unos 5 años Chile se volcó a estimular la innovación con mucha fuerza. Se creó Start-Up Chile, RASU, Meet Latam, Jump UC, 3IE, Magical Startup y una gran cantidad de iniciativas e instituciones, no solo en Santiago, sino que en todo el país. Y, en cantidad de emprendimiento, creo que vamos bastante bien. Sin tener las cifras a mano, creo que en Chile debe haber hoy entre 5 mil y 10 mil startups y hace 5 años no había más de 500. Sin embargo, el problema que tenemos hoy es la calidad de estos emprendimientos. Analizando qué tan lejos estamos de que alguna startup local haya escalado a nivel mundial, la verdad es que eso ya ocurrió con ArchDaily, plataforma on-line de arquitectura, visitada por millones de usuarios en todo el mundo y que tiene presencia en inglés y muchas otras lenguas. Además, está el caso de Compara Online, sitio web que permite comparar precios, que levantó $US11 millones en el extranjero. Claro, ninguno de los dos ha hecho una Initial Public Offering (IPO) u Oferta Pública de Acciones (OPA) en la Bolsa de New York, pero sí levantaron vuelo fuera de nuestras fronteras. Ahora, claro, hasta ahora ningún emprendimiento chileno ha logrado ese hito. De América Latina, solo dos startups han hecho eso y ambas son argentinas: Mercado Libre y Global. Ese escalamiento, público y con toda la pompa, no ha ocurrido en Chile, pero confío en que pronto se dé.

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